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El valle que cambió de color (y la paz que nos regaló a cambio)

A Alcalalí llegamos buscando un paisaje que ya no existía. Llevábamos en la cabeza la promesa de los almendros en flor, esa estampa de tonos blancos y rosas que inunda las guías de internet. Cuando en el ayuntamiento nos advirtieron de que apenas quedaba floración, pecamos de incrédulos. Tuvimos que ir a comprobarlo nosotros mismos para entender que, a veces, la naturaleza cambia de guión sin avisar.

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