A Alcalalí llegamos buscando un paisaje que ya no existía. Llevábamos en la cabeza la promesa de los almendros en flor, esa estampa de tonos blancos y rosas que inunda las guías de internet. Cuando en el ayuntamiento nos advirtieron de que apenas quedaba floración, pecamos de incrédulos. Tuvimos que ir a comprobarlo nosotros mismos para entender que, a veces, la naturaleza cambia de guión sin avisar.
19
febrero 2026
